Cuando llegó a su oficina, Alberto estaba pálido. Y lo primero que oyó al abrir la puerta ya no le gustó, puesto que la recepcionista le saludó con una amplia sonrisa y un...
Buenas tardes señora Alberto...
Que le marcó.
Sin responder al saludo, consternado, Alberto se metió en el interior del ascensor marcando el tercer piso. La sensación en el estómago motivada por la desaceleración que experimentó la cabina al llegar a su piso estuvo a punto de provocarle el vómito. Estaba realmente angustiado y se sentía bastante mal. La taquicardia parecía no querer abandonarle...
Seguidamente, Alberto entró en su sección y enseguida abordó a Clara, compañera en el departamento de contabilidad, que estaba junto a la máquina de bebidas calientes seleccionando un té con limón. Sólo verle, un angosto gesto de preocupación pareció marcarse en el rostro de la mujer. Clara le preguntó qué le pasaba porque tenía realmente muy mala cara. Alberto cogió aire e intentó fabricar una sonrisa que quedó precisamente en eso, en un estúpido intento. Le dijo entonces que por favor hojease uno de aquellos diarios. Cualquier página. Que leyese un titular…
Ante el gesto de sorpresa de Clara, sus dedos temblorosos buscaron un titular idóneo. No tardó nada en encontrarlo...
¿Qué tal la presidenta del Fútbol Club Barcelona advierte que seguirá muy de cerca la decisión de la junta arbitral sobre la necesidad de buscar unas fechas acordes para la disputa de la final de la Supercopa?
Clara le pidió tranquilidad. Algo descolocada cogió el periódico y leyó la noticia en voz alta. Acto seguido desvió la mirada del papel para observar el rostro de Alberto que parecía cada vez más desencajado. Le preguntó entonces si se trataba de una broma. Y él no pudo evitar levantar la voz.
¡¿Es que no lo ves?! ¡¿No ves que está al revés?! ¡El presidente del Barça es un hombre! ¡¿No lo ves?!
Ella le pidió tranquilidad otra vez. Con voz templada le sugirió que se tranquilizase al tiempo que le explicaba que no veía nada extraño en aquello porque todo el mundo sabe que...
La presidenta Joan Laporta es una mujer, por favor Alberto, ¿estás de broma o qué?
Y tras oír aquello, Alberto sufrió una pérdida súbita de sentido y del movimiento y no pudiendo soportar más toda aquella tensión acabó por desplomarse sobre el frío suelo frente a la mirada aterrorizada de su compañera de trabajo.
Alberto despertó un par de minutos después.
Y lo primero que vio fue a un montón de caras a su alrededor que le contemplaban azoradas.
Estaba estirado sobre el suelo y alguien le había levantado los pies seguramente para que la sangre le bajase hasta la cabeza. Todos los compañeros de planta que estaban en la oficina se preguntaban entre murmullos qué le había pasado. El jefe de planta, el señor Rius, se hizo espacio entre la multitud y reclamando tranquilidad le sugirió que se fuese a casa en taxi porque había sufrido un desvanecimiento.
¿Se encuentra bien Alberto? Clara nos ha llamado muy asustado. Al parecer estaba hablando con él y usted de repente ha perdido el conocimiento.
Alguien comentó en tono jocoso que quizás Alberto estuviese embarazada. Aturdido, se reincorporó lentamente ayudado por las manos firmes de tres compañeras de trabajo. Entonces, se llevó los dedos pulgar e índice de su mano derecha a los ojos y masajeándose los párpados exhaló con un suspiro un lánguido...
Creo que será mejor que me marche a casa porque no me encuentro muy bien.
El jefe de planta le indicó que le parecía lo mejor emplazándole a que se marchase.
Estese tranquila, Alberto. Yo misma llamaré a su esposo para decirle que ahora va para su casa.
Clara se ocupó en llamar al taxi con una llamada de teléfono, marcando antes el nueve por aquello de coger línea.
El trayecto en taxi de camino a su casa se le hizo eterno. Conducía el automóvil lo que parecía ser una mujer. Naturalmente sólo en apariencia porque muy pronto Alberto se dio cuenta de que su forma de comportarse se acercaba más a la de un hombre. Sus comentarios machistas con los compañeros de trabajo a través del aparato de radio, su manera de conducir masculinamente violenta, el lenguaje que empleó a la hora de definir su opinión sobre las obras que se estaban desarrollando en las calles más transitadas de la ciudad...
Es el puto cableado ese para la fibra óptica que nos está jodiendo a todos los taxistas cada puto día, coño. Este país necesita una nueva presidenta ya, la Sra. Zapatero es un puto desastre, se lo digo yo.
Alberto se bajó de aquel taxi peor de lo que había subido. No podía entender nada. Estaba absolutamente descorazonado. Géneros masculinos cambiados por femeninos y viceversa. Roles masculinos en las mujeres…
Dios... ¿Qué está pa-pasando?
Su mujer le abrió la puerta antes de que él acabase de girar la llave. Belén se lanzó a sus brazos para preguntarle qué le había pasado. Alberto no supo qué responder. Estaba cansado, tembloroso y aterrado. Sin mediar palabra le dijo a Belén que se iba a la cama. Necesitaba descansar. Ella le encomió a que durmiese un rato para ver si así encontraba una mejoría y le obligó a que se tomase un Lexatin con medio vaso de agua.
Ya en el interior del dormitorio, Alberto procedió a desnudarse con lentitud. Una sonrisa se le marcó en la comisura de sus labios cuando comprobó que las cosas allí abajo seguían en su sitio.
Bueno, al menos esto sigue colgando.
Murmuró.
Se puso el pijama y no tardó ni dos minutos en sucumbir ante el sueño.
El mundo al revés... Qué cosa más rara... Cosa... Rara...
Belén le despertó con un dulce beso en los labios unas horas después.
Le preguntó que tal se encontraba y si tenía hambre.
Alberto se desperezó aliviado respondiéndole que parecía encontrarse mucho mejor. En forma.
¿Quieres cenar ya?
Le preguntó su esposa.
Él le respondió que todavía no. La dormida le había sentado de narices. Se encontraba descansado, relajado y porque no decirlo algo cachondo. Agarró a su mujer y le besó en el cuello. Ella comenzó a reírse. Ambos comenzaron entonces a ofrecerse arrumacos estirados sobre la cama. En un susurro él le sugirió que bien podrían hacer el amor antes de la cena. Ella asintió mientras comenzaba a quitarse la ropa. Alberto se giró revolviéndose en el interior de la cama. Su mujer se le sentó encima a horcajadas al tiempo que le masajeaba la espalda y le mordisqueaba los hombros. Entonces él le dijo que lo del desmayo en la oficina había sido una cosa rara. En realidad todo había sido raro desde que terminase de comer.
Seguramente habré sufrido un corte de digestión, no sé, ha sido todo una cosa rara... Tan rara...
Belén le respondió lascivamente que ella si que le iba a hacer una cosa rara.
Y antes de que Alberto pudiese reaccionar, su mujer le penetró por el orificio del culo como si aquello fuese lo más normal del mundo.
Y lo bueno es que a la zorra de Alberto le encantó, menuda putita estaba hecho jeje.
Buenas tardes señora Alberto...
Que le marcó.
Sin responder al saludo, consternado, Alberto se metió en el interior del ascensor marcando el tercer piso. La sensación en el estómago motivada por la desaceleración que experimentó la cabina al llegar a su piso estuvo a punto de provocarle el vómito. Estaba realmente angustiado y se sentía bastante mal. La taquicardia parecía no querer abandonarle...
Seguidamente, Alberto entró en su sección y enseguida abordó a Clara, compañera en el departamento de contabilidad, que estaba junto a la máquina de bebidas calientes seleccionando un té con limón. Sólo verle, un angosto gesto de preocupación pareció marcarse en el rostro de la mujer. Clara le preguntó qué le pasaba porque tenía realmente muy mala cara. Alberto cogió aire e intentó fabricar una sonrisa que quedó precisamente en eso, en un estúpido intento. Le dijo entonces que por favor hojease uno de aquellos diarios. Cualquier página. Que leyese un titular…
Ante el gesto de sorpresa de Clara, sus dedos temblorosos buscaron un titular idóneo. No tardó nada en encontrarlo...
¿Qué tal la presidenta del Fútbol Club Barcelona advierte que seguirá muy de cerca la decisión de la junta arbitral sobre la necesidad de buscar unas fechas acordes para la disputa de la final de la Supercopa?
Clara le pidió tranquilidad. Algo descolocada cogió el periódico y leyó la noticia en voz alta. Acto seguido desvió la mirada del papel para observar el rostro de Alberto que parecía cada vez más desencajado. Le preguntó entonces si se trataba de una broma. Y él no pudo evitar levantar la voz.
¡¿Es que no lo ves?! ¡¿No ves que está al revés?! ¡El presidente del Barça es un hombre! ¡¿No lo ves?!
Ella le pidió tranquilidad otra vez. Con voz templada le sugirió que se tranquilizase al tiempo que le explicaba que no veía nada extraño en aquello porque todo el mundo sabe que...
La presidenta Joan Laporta es una mujer, por favor Alberto, ¿estás de broma o qué?
Y tras oír aquello, Alberto sufrió una pérdida súbita de sentido y del movimiento y no pudiendo soportar más toda aquella tensión acabó por desplomarse sobre el frío suelo frente a la mirada aterrorizada de su compañera de trabajo.
Alberto despertó un par de minutos después.
Y lo primero que vio fue a un montón de caras a su alrededor que le contemplaban azoradas.
Estaba estirado sobre el suelo y alguien le había levantado los pies seguramente para que la sangre le bajase hasta la cabeza. Todos los compañeros de planta que estaban en la oficina se preguntaban entre murmullos qué le había pasado. El jefe de planta, el señor Rius, se hizo espacio entre la multitud y reclamando tranquilidad le sugirió que se fuese a casa en taxi porque había sufrido un desvanecimiento.
¿Se encuentra bien Alberto? Clara nos ha llamado muy asustado. Al parecer estaba hablando con él y usted de repente ha perdido el conocimiento.
Alguien comentó en tono jocoso que quizás Alberto estuviese embarazada. Aturdido, se reincorporó lentamente ayudado por las manos firmes de tres compañeras de trabajo. Entonces, se llevó los dedos pulgar e índice de su mano derecha a los ojos y masajeándose los párpados exhaló con un suspiro un lánguido...
Creo que será mejor que me marche a casa porque no me encuentro muy bien.
El jefe de planta le indicó que le parecía lo mejor emplazándole a que se marchase.
Estese tranquila, Alberto. Yo misma llamaré a su esposo para decirle que ahora va para su casa.
Clara se ocupó en llamar al taxi con una llamada de teléfono, marcando antes el nueve por aquello de coger línea.
El trayecto en taxi de camino a su casa se le hizo eterno. Conducía el automóvil lo que parecía ser una mujer. Naturalmente sólo en apariencia porque muy pronto Alberto se dio cuenta de que su forma de comportarse se acercaba más a la de un hombre. Sus comentarios machistas con los compañeros de trabajo a través del aparato de radio, su manera de conducir masculinamente violenta, el lenguaje que empleó a la hora de definir su opinión sobre las obras que se estaban desarrollando en las calles más transitadas de la ciudad...
Es el puto cableado ese para la fibra óptica que nos está jodiendo a todos los taxistas cada puto día, coño. Este país necesita una nueva presidenta ya, la Sra. Zapatero es un puto desastre, se lo digo yo.
Alberto se bajó de aquel taxi peor de lo que había subido. No podía entender nada. Estaba absolutamente descorazonado. Géneros masculinos cambiados por femeninos y viceversa. Roles masculinos en las mujeres…
Dios... ¿Qué está pa-pasando?
Su mujer le abrió la puerta antes de que él acabase de girar la llave. Belén se lanzó a sus brazos para preguntarle qué le había pasado. Alberto no supo qué responder. Estaba cansado, tembloroso y aterrado. Sin mediar palabra le dijo a Belén que se iba a la cama. Necesitaba descansar. Ella le encomió a que durmiese un rato para ver si así encontraba una mejoría y le obligó a que se tomase un Lexatin con medio vaso de agua.
Ya en el interior del dormitorio, Alberto procedió a desnudarse con lentitud. Una sonrisa se le marcó en la comisura de sus labios cuando comprobó que las cosas allí abajo seguían en su sitio.
Bueno, al menos esto sigue colgando.
Murmuró.
Se puso el pijama y no tardó ni dos minutos en sucumbir ante el sueño.
El mundo al revés... Qué cosa más rara... Cosa... Rara...
Belén le despertó con un dulce beso en los labios unas horas después.
Le preguntó que tal se encontraba y si tenía hambre.
Alberto se desperezó aliviado respondiéndole que parecía encontrarse mucho mejor. En forma.
¿Quieres cenar ya?
Le preguntó su esposa.
Él le respondió que todavía no. La dormida le había sentado de narices. Se encontraba descansado, relajado y porque no decirlo algo cachondo. Agarró a su mujer y le besó en el cuello. Ella comenzó a reírse. Ambos comenzaron entonces a ofrecerse arrumacos estirados sobre la cama. En un susurro él le sugirió que bien podrían hacer el amor antes de la cena. Ella asintió mientras comenzaba a quitarse la ropa. Alberto se giró revolviéndose en el interior de la cama. Su mujer se le sentó encima a horcajadas al tiempo que le masajeaba la espalda y le mordisqueaba los hombros. Entonces él le dijo que lo del desmayo en la oficina había sido una cosa rara. En realidad todo había sido raro desde que terminase de comer.
Seguramente habré sufrido un corte de digestión, no sé, ha sido todo una cosa rara... Tan rara...
Belén le respondió lascivamente que ella si que le iba a hacer una cosa rara.
Y antes de que Alberto pudiese reaccionar, su mujer le penetró por el orificio del culo como si aquello fuese lo más normal del mundo.
Y lo bueno es que a la zorra de Alberto le encantó, menuda putita estaba hecho jeje.

3 comentarios:
Bueno bueno... por dios por dios... se puede tener más imaginación que la que ud. tiene caballero?, más, a lo mejor, mejor, imposible.
Déjame que me haga tu representante artística anda... la parte fiscal la llevaríamos muy bien, que no es lo de menos, ya sabes... piénsalo, tanto talento me niego a que se quede entre cuatro colgaos (me incluyo) que te leemos (y que no se ofenda nadie, por favor), es cariñoso.
Besos
calmita
uy "anónimo", no me corrompas a mi gato ¿dónde va a estar mejor que entre nosotros?
Como siempre me dejas sin palabras...
Besos Sra. Jota, jejeje
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